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Arte religioso: ortodoxo

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En los iconos rusos, Jesús está clavado a la cruz con cuatro clavos (en las representaciones católicas, con tres). En los iconos antiguos de la Crucifixión, Jesucristo está representado con mucha discreción. Sus sufrimientos no se muestran con exageración, se sobreentiende que no es posible transmitirlos.
Cristo ha aceptado la dolorosa muerte: Todo está cumplido. El icono es sólo una imagen simbólica de su Divino sacrificio, cuya naturaleza profunda no puede ser alcanzada ni representada.
En los cuadros europeos de la Crucifixión, los sufrimientos de Cristo suelen representarse de modo naturalista. A ello contribuyó la amplia difusión en la Europa de los siglos XV-XVI de las revelaciones de Brígida de Suecia (1303-1373). Le fue revelado que "cuando Jesús exhaló el espíritu, sus labios se abrieron, así que los espectadores pudieron ver la lengua, los dientes y la sangre sobre los labios. Los ojos estaban entornados. Las rodillas se han doblado de una parte, las plantas de los pies han retorcido los clavos, como si estuvieran dislocados. Los dedos y las manos curvadas convulsamente están extendidas". Las revelaciones de Brígida encontraron su encarnación en los cuadros de la Crucifixión realizados, por ejemplo, por Grùnewald (alrededor de 1470-1528).
Las antiguas imágenes rusas de la Crucifixión son más recogidas y, se puede decir, avaras al expresar los sentimientos. Lo que está sucediendo no puede ser medido de ningún modo, y el lenguaje de los símbolos, severo, lacónico y convencional, para ser, en este caso, más conveniente.

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La "Crucifixión de nuestro Señor Jesucristo" es una de las imágenes más trágicas y majestuosas creadas en la iconografía de la antigua Rus. Sobre la cruz es crucificado el Hijo de Dios y el Hijo del hombre: Jesucristo. Él como cordero conducido al matadero, es llevado al sacrificio para la redención de nuestros pecados, para la salvación del género humano.
A los pies de la cruz se representa una grieta: son las entrañas de la tierra. En ellas vemos una calavera que nos muestra lo que está invisible, escondido. El polvo del primer hombre, Adán, simbolizado por este cráneo, es bañado por la sangre que cae de los pies traspasados de Cristo, la sangre de la redención.
La Crucifixión, la cruz con el cuerpo de Cristo, se levanta de la tierra hacia el cielo. Es el puente que une la tierra con el reino del cielo. El hombre puede levantarse hacia este reino, hacia la eternidad, desde su condición de pecado terrenal, desde su vida de vanagloria y soberbia.
Y el propio Cristo es el nuevo Adán: Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo...
La crucifixión y la muerte de Jesucristo sobre la cruz están acompañadas de hechos terribles y aterradores: Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,45-46).
Uno de los soldados tomó una esponja, la empapó de vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Y Jesús, dando un fuerte grito, exhaló el espíritu. En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos (Mt 27,51-53). Después de la muerte de Jesús, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El gran acto de la redención se había cumplido.
El centurión Longinos, al ver estos hechos terroríficos que acompañaron la pasión y la muerte de Jesucristo, creyó en Él como Hijo de Dios. En el icono, el centurión está a la derecha de la cruz, tras el evangelista Juan, que está llorando. A éste le confió Cristo crucificado el cuidado de su madre: Ahí tienes a tu madre. A la izquierda de la cruz está la Virgen Maria y, detrás de ella, otra Maria (generalmente María Magdalena) o bien las tres Marías. La Madre de Dios lleva vestidos oscuros. Su actitud, su rostro, expresan un dolor que no puede ser consolada.
Sobre la cabeza de Cristo está colocada una tablilla con la inscripción de Poncio Pilato: Jesús Nazareno Rey de los Judíos (INRI). La palabra "nazareno" se asocia, sobre todo, con la ciudad de Nazaret, donde la Virgen Maria vivió después de haber sido prometida a José, donde tuvieron lugar la Anunciación y la Inmaculada Concepción por obra del Espíritu Santo, y donde Jesús pasó su infancia y su juventud. Pero es más probable otra versión: "nazareno" también puede venir de la palabra hebrea "nazir", que puede traducirse como "justo" (existió el voto del nazireato: la oferta de uno mismo a Dios). Todavía otra versión vincula estas palabras con la profecía de Isaías (11,1), en la que se dice que el Mesías provendrá del germen brotado del tronco de Jesé ("germen" en hebreo se dice "nezer).
En la parte alta de la Crucifixión se representan dos ángeles que vuelan. Las letras cirílicas que a menudo se pueden leer en estas imágenes, significan: - cabeza de Adán; - monte Gólgota; - el lugar del cráneo era el paraíso; K. - lanza (con la que fue traspasado el costado de Cristo); T. - caña (sobre la que llevaron a la boca de Jesús la esponja empapada en vinagre); - "vence", "victoria".

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La Dormición de la Madre de Dios tuvo lugar en la casa de Juan Evangelista, dónde vivía después de la crucifixión de Cristo. Como es habitual, según la tradición y los canones del lenguaje simbólico de la iconografía, no se representa la parte interior de la casa, sino las columnitas que marcan el edificio en que se está peoduciendo el hecho.
En el icono de la Dormición se representan dos espacios distintos. Uno es real: a él pertenecen el lecho de la Virgen, los apóstoles, los santos y el fondo arquitectónico; el otro es místico, es el de Cristo. Ambos espacios están vinculados a la acción mística, la asunción del alma de Maria: el espacio místico permanece invisible para los que están alrededor del lecho de Maria.
El Hijo de Dios, nacido de la Virgen, ha tomado semblante corporal y humano, ha venido a tierra y ha vivido en el normal espacio terrenal. Después de la crucifixión y la muerte sobre la cruz, ha resucitado y ha entrado en otro espacio "que no es de este mundo", y que se indica en los iconos con la mandorla, la aureola, llena de fuerzas celestes: los ángeles "invisibles". En Europa se han hecho muchas imágenes dedicadas a la Dormición de la Virgen Maria. Pero allí este acontecimiento se enseña de un modo totalmente diferente

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El icono de la "Asunción de la Santa Madre de Dios" presenta la dormición de la Virgen Maria y su asunción al cielo por parte de Jesucristo. En el icono de la "Asunción de la Madre de Dios" de Pskov, del siglo XIII, la Virgen, que se ha dormido, se encuentra rodeada por los apóstoles dolientes. Más allá de los apóstoles, están también los santos obispos. En las ventanas vemos a las mujeres, que lloran. En el icono prevalecen tonalidades oscuras y sombrías. Pero el manto sobre el que la Virgen se encuentra es luminoso y esto nos comunica que ella acepta con serenidad y alegría su muerte. En la base de la composición está el triángulo. Los personajes principales son la Madre de Dios, cuyo cuerpo está extendido sobre un catafalco, y Jesucristo, que se yergue sobre de ella y tiene en las manos a un niño fajado de vestidos resplandecientes de color blanco como la nieve. Este niño representa el alma inmaculada de la Virgen Maria.
La figura de Cristo Salvador es muy vertical. Con ello se afirma la contraposición y la superioridad de la vida inmortal en el reino de los cielos, con la muerte y la limitación de la vida sobre la tierra.
Golpea el dolor de los apóstoles: no entienden todavía la grandiosidad de lo que está sucediendo, del triunfo de la inmortalidad sobre la perfección de la vida terrenal de la Madre de Dios. Solía llevarse el icono de la Dormición a la casa de los moribundos. Esta imagen consolaba y daba paz: en el icono se afirma la inmortalidad del alma y la vida eterna.
La representación, en el mismo icono, al mismo tiempo, de más acontecimientos, fue una práctica normal y no suponía ninguna dificultad en la veneración de la imagen. Tal tradición también existió en el arte europeo, pero se extinguió hacia finales del siglo XV.


En el otro mes siguiremos con arte ortodoxo